Un joven de 17 años llevaba casi una semana desaparecido. Sus padres contactaron de inmediato con la policía. Varios equipos de rescate, junto con vecinos, lo buscaron. Según sus padres, ese día vestía una camiseta roja y pantalones cortos negros. 😢
Lo encontraron al séptimo día, e incluso los policías más experimentados no pudieron contener las lágrimas al ver lo que le había sucedido. 😭😭
Solo tenía 17 años. Esa noche, se dirigió a las afueras en coche, tras haber quedado con un amigo en verse más tarde y volver juntos a casa. Pero nunca se presentó.
Cuando el joven dejó de comunicarse, la alarma empezó a sonar a primera hora. Era confiable y puntual; todo esto alertó de inmediato a sus familiares.
La búsqueda comenzó esa misma noche. Fue visto por última vez cerca de una antigua presa, en una zona de pantanos boscosos. El hombre desaparecido vestía una camiseta roja y pantalones cortos negros.
El terreno era difícil: juncos espesos, agua, senderos que se perdían en la nada. Todos buscaban: la policía, los voluntarios, los rescatistas. Drones sobrevolaron la zona, buzos peinaron las orillas, pero no encontraron nada.
Al séptimo día, uno de los buscadores notó una tela roja entre la hierba alta. Allí, entre las raíces de los árboles y los juncos, había algo para lo que nadie estaba preparado.
Estaba tendido de lado, exhausto y ya sin vida. Su pierna estaba atrapada en una trampa metálica oxidada, una vieja trampa de caza que alguien había abandonado y olvidado.
Cerca había rastros de una lucha desesperada: ramas rotas, arañazos en los árboles, hierba arrancada de raíz.
Intentó salir. Hasta el final.
No hizo falta una ambulancia. Los policías locales, que habían visto mucho, permanecieron en silencio. Uno de ellos se dio la vuelta y se secó la cara con la mano.
«Ha estado aquí todo este tiempo», susurró alguien. Nos perdimos esta parte el primer día de búsqueda; pensamos que difícilmente estaría aquí.
Más tarde se supo: el hombre se debilitó rápidamente debido al dolor y la pérdida de sangre. No había conexión; el teléfono no captaba señal y la batería se agotó casi al instante. Gritó, pero nadie lo oyó.
La historia conmocionó no solo a la ciudad, sino a toda la región. La gente llevó flores a la presa durante varios días.




