¡EL ENORME CABALLO NEGRO SE ENCARABRITÓ FRENTE A LA JOVEN JINETE, Y TODOS CREYERON QUE LA ATACARÍA… PERO CUANDO ELLA SUSURRÓ «SULTÁN», ¡EL JEQUE ORDENÓ CERRAR TODAS LAS PUERTAS! 😱🐎
El enorme caballo negro se alzó repentinamente sobre sus patas traseras y lanzó un relincho ensordecedor que resonó por todo el patio del palacio.
Sus cascos delanteros golpearon el aire a pocos centímetros del rostro de Lucia Herrera. El polvo se arremolinó alrededor de sus botas mientras los hombres vestidos con túnicas blancas retrocedían aterrorizados.
—¡Aléjate de él! —gritó alguien.
Pero Lucia no huyó.
Permaneció completamente inmóvil, mirando fijamente los oscuros ojos del animal. Había algo extrañamente familiar en aquel caballo, algo en lo que no había pensado durante casi veinte años.
Entonces, sin saber por qué, susurró una sola palabra.
El caballo bajó inmediatamente las patas delanteras.
Y el rico jeque árabe que estaba a su lado palideció.
—¡Cierren todas las puertas! —ordenó el jeque Khalid.
En cuestión de segundos, los guardias armados corrieron hacia las entradas del patio. Las enormes puertas de madera se cerraron de golpe, dejando a Lucia atrapada entre los imponentes muros del palacio.
Ella se volvió hacia el jeque.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué me retiene aquí?
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Khalid se quitó lentamente las gafas de sol oscuras.
—Porque —respondió mientras estudiaba su rostro— ningún desconocido podría saber el nombre de ese caballo.
El corazón de Lucia comenzó a latir con fuerza.
—Lo escuché cuando usted lo llamó así —mintió.
—No. —Khalid dio un paso hacia ella—. Lo dijiste antes de que yo lo hiciera.
El ambiente a su alrededor cambió por completo. Apenas unos instantes antes, los espectadores habían estado disfrutando de una impresionante exhibición de equitación árabe. Ahora observaban a Lucia como si acabara de revelar un secreto peligroso.
Había viajado miles de kilómetros hasta aquella remota propiedad después de recibir una oferta extraordinaria: evaluar a un semental que ningún jinete había conseguido controlar.
El dinero del trabajo podría salvar la pequeña escuela de equitación que había heredado de su madre.
Pero, de repente, comprendió algo aterrador.
No la habían invitado por su experiencia profesional.
Alguien la había llevado allí por otra razón.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, Sultán se acercó a ella. El magnífico caballo negro se alzaba imponente frente a la joven, con su poderoso cuerpo cubierto de un pelaje brillante.
Khalid apretó inmediatamente las riendas.
—¡No lo toques!
Lucia ignoró la advertencia.
Levantó lentamente la mano y tocó el hocico del caballo.
Sultán cerró los ojos.
La tensión desapareció de su cuello y, con suavidad, apoyó la frente contra el pecho de Lucia.
Nadie dijo una palabra.
Los ojos de Lucia se llenaron de lágrimas mientras apartaba la espesa crin del animal.
—Tiene una cicatriz aquí —susurró—. Una cicatriz con forma de media luna.
La expresión de Khalid se endureció.
—¿Cómo sabes lo de esa cicatriz?
De repente, los recuerdos de Lucia regresaron.
Volvió a tener siete años. Estaba dentro de un establo mientras su padre la levantaba para sentarla sobre un pequeño potro negro.
Su madre los observaba desde la puerta mientras el animal acariciaba con el hocico sus pequeñas manos.
El potro se había herido la frente al intentar saltar una cerca. Lucia había llorado, aterrorizada ante la posibilidad de que muriera.
Su padre se había arrodillado a su lado y le había secado las lágrimas.
—Se llama Sultán —le había dicho Javier Herrera—. Y algún día te reconocerá, aunque hayan pasado cien años.
Dos semanas después, Javier desapareció durante un viaje de negocios a Oriente Medio.
La policía le dijo a la familia que probablemente había muerto en un accidente en el desierto. Encontraron su vehículo abandonado, pero nunca recuperaron su cuerpo.
Y el pequeño potro negro también desapareció.
Lucia miró fijamente al enorme semental.
—Este caballo pertenecía a mi padre.
Un murmullo recorrió el patio.
Khalid hizo una señal a sus guardias.
—Llévenla a mi sala privada.
—¡No voy a ninguna parte hasta que me explique cómo consiguió este caballo!
Dos guardias se acercaron, pero Sultán se interpuso inmediatamente entre ellos y Lucia. Golpeó el suelo con uno de sus cascos, obligando a los hombres a detenerse.
Por primera vez, el rostro de Khalid reveló algo más que autoridad.
Parecía casi aliviado.
—He esperado dieciocho años para vivir este momento —admitió.
Lucia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Usted conocía a mi padre?
—Javier Herrera no era simplemente un entrenador de caballos. Trabajaba para mi familia. Era la única persona capaz de preparar a Sultán para una competición que podría haber transformado nuestras caballerizas reales.
—Mi padre está muerto.
—Eso —respondió Khalid en voz baja— es lo que alguien quería que creyeras.
Antes de que Lucia pudiera contestar, un hombre que llevaba un pañuelo rojo al cuello dio un paso al frente.
—Alteza, no debería hablar de esto delante de todos.
Khalid se volvió hacia él.
—Tiene razón, Rashid. Especialmente delante de ti.
El hombre perdió el color del rostro.
Khalid explicó que, dieciocho años atrás, Javier había descubierto una red criminal que sustituía caballos campeones por animales inferiores y falsificaba los documentos de propiedad. Millones de euros habían desaparecido a través de aquella estafa.
La noche en que Javier se disponía a destapar la operación, desapareció sin dejar rastro.
—¿Está diciendo que mi padre podría seguir vivo? —preguntó Lucia.
—Estoy diciendo que nunca encontré pruebas de que hubiera muerto.
Khalid señaló el enorme adorno dorado con forma de águila que colgaba del pecho de Sultán.
—Tu padre diseñó esa pieza. Antes de desaparecer, me envió un mensaje. Escribió: «El águila protegerá la verdad hasta que Sultán encuentre a la muchacha».
Lucia examinó cuidadosamente el adorno.
En el centro había una pequeña hendidura con forma de estrella.
De pronto, recordó el colgante de plata que su padre le había regalado cuando era niña. Lo había llevado alrededor del cuello durante años sin comprender el extraño diseño que tenía.
Con los dedos temblorosos, lo sacó de debajo del cuello de su blusa.
Rashid retrocedió inmediatamente.
—¡Deténganla! —gritó.
Pero ya era demasiado tarde.
Lucia encajó la estrella de plata en la hendidura del adorno dorado.
Se oyó un leve clic.
Un compartimento secreto se abrió dentro de la pieza de oro. En su interior había un pequeño cilindro metálico que contenía una tarjeta de memoria y una fotografía antigua.
En la imagen, su padre aparecía junto a un Khalid mucho más joven, con Sultán todavía convertido en un diminuto potro entre ambos.
En el reverso, Javier había escrito:
«Si Lucia encuentra esto, dile que nunca la abandoné».
Lucia se llevó una mano a la boca.
—¿Dónde está?
—No lo sé. Pero esa tarjeta de memoria podría revelar quién lo traicionó.
Rashid intentó escapar repentinamente.
—¡Deténganlo! —ordenó Khalid.
Dos guardias bloquearon la salida y sujetaron al hombre aterrorizado.
Lucia se volvió hacia él.
—¿Cómo sabe lo que hay en esa tarjeta?
Rashid se quedó paralizado.
Acababa de delatarse.
Durante el interrogatorio, confesó que había participado en la red de fraude relacionada con los caballos. Insistió en que él nunca había matado a Javier, pero admitió que otros hombres habían interceptado a su padre en el desierto y lo habían entregado a alguien conocido como el Halcón.
—¿Quién es el Halcón? —exigió saber Khalid.
Rashid bajó la voz.
—Si digo su nombre, mi familia morirá.
Antes de que alguien pudiera responder, Sultán golpeó con el hocico el águila dorada.
El compartimento se abrió aún más y dejó al descubierto una pulsera hospitalaria doblada que estaba escondida detrás de la tarjeta de memoria.
Lucia la desplegó con cuidado.
El nombre apenas se podía leer.
J. Herrera.
Pero la fecha hizo que la sangre se le helara.
Era de hacía apenas seis meses.
—¡Mi padre estaba vivo hace seis meses!
Khalid examinó el código impreso en la pulsera.
—Pertenece a una clínica privada del norte.
Rashid comenzó a reír nerviosamente.
—Es demasiado tarde. Esa clínica cerró ayer.
En ese instante, sonó el teléfono de Khalid.
Él escuchó en silencio y, de pronto, su expresión cambió.
—Mis hombres han recuperado los archivos —le dijo a Lucia—. Hay registros bancarios, nombres, vídeos y una grabación reciente de tu padre.
Un guardia llevó una tableta al patio.
En la pantalla apareció una habitación oscura y un hombre delgado, de cabello completamente blanco, sentado delante de una cámara.
Lucia reconoció inmediatamente sus ojos.
—Papá…
La grabación comenzó.
—Lucia, si estás viendo esto, significa que Sultán te ha encontrado. No confíes en nadie que lleve el símbolo del Halcón. Ni siquiera en alguien que diga ser tu amigo.
El vídeo terminó abruptamente.
Lucia se volvió lentamente hacia Khalid.
Una ráfaga de viento levantó el borde de su túnica negra.
En el interior de la tela había bordado un pequeño halcón dorado.
Sultán se colocó inmediatamente delante de Lucia, echó las orejas hacia atrás y golpeó el suelo con uno de sus cascos.
Khalid apretó con más fuerza las riendas.
—Lucia, escúchame. Tu padre no estaba hablando de mí.
Antes de que ella pudiera responder, las puertas del palacio comenzaron a cerrarse de nuevo.
Pero esta vez, Khalid no había dado la orden.
Un anciano apareció en un balcón situado encima de ellos, apoyándose con dificultad en un bastón de madera. Tenía el cabello completamente blanco y una profunda cicatriz le atravesaba el rostro.
Lucia dejó de respirar.
El hombre la miró directamente.
—Hija… —susurró.
Sultán se arrodilló inmediatamente.
Lucia dio un tembloroso paso hacia delante.
Pero entonces notó algo debajo de la manga del anciano.
Un halcón dorado.
Y de repente comprendió que encontrar a su padre quizá solo fuera el comienzo de un secreto mucho más peligroso. 😱🐎







